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A través de una taza de café

  • 18 jun 2017
  • 2 Min. de lectura

"¡Nunca permitas que la lealtad ni la bondad te abandonen! Átalas alrededor de tu cuello como un recordatorio. Escríbelas en lo profundo de tu corazón." (Prov 3:3)

Crecí con serias intenciones de dedicarme a la música, estudiar en un buen conservatorio, ir a la universidad, aprender mil instrumentos, ejecutar de manera perfecta todos los ritmos y estilos musicales que existan, componer mis propias piezas, cantarlas y hacerme alguien famoso marcando mi propia huella en el mundo. A propósito de eso, acabo de recordar que cuando tenia unos 6 o 7 años grabé un casete en casa de mi abuelo y la guitarra de mi papá, con algunas canciones que ya no recuerdo su letra ni su ritmo pero que eran de mi propia autoría, imagínense, apenas sabía de matemáticas pero ya manejaba bien lo que era componer y cantar.

Mi mamá me enseño lo que era un sol, un re y un do en la guitarra, al mismo tiempo que sacaba primeros lugares en el colegio y mi papá me enseñaba a andar en bicicleta. Fueron años bonitos, no digo perfectos pero la verdad es que quejarme es imposible, ya que me recuerdo con la inocencia de un niño con ganas de jugar y aprender.

Pasaron muy rápido los años, caí en la típica adolescencia, rebeldía contra todo y todos, ya saben, lo típico. Llegaba mi último año del colegio y se me ocurrió la "genial" idea de entrar a estudiar una ingeniería. Fue una locura, olvidé mis sueños de chico y perseguí otros intereses, pero creo que todos sabemos que cuando uno hace cosas que no nos llenan, mas temprano que tarde, necesitaremos retomar el rumbo.

Hoy le agradezco a aquella persona que me aconsejo que estudiara ingeniería, creo que sin su consejo hoy no sería quien soy, puesto que gracias a su "errado" consejo, hoy se lo que quiero, y más que querer, la frase correcta sería: Se lo que haré.

Encontré mi lugar en el mundo cuando ingresé a estudiar Relaciones Públicas. Si, leyeron bien, no entré a estudiar música luego de mi paso por la ingeniería. Y la razón es muy simple: Las RRPP complementan y perfeccionan mis talentos en la música, puesto que me dan herramientas en oratoria, liderazgo y aptitudes semejantes que se que en otro lugar no encontraría. Me encanta la idea de ser un experto en comunicarme, y tal como lo hago ahora, entregar música, posteos, o lo que sea que sirva para aportar -de una forma u otra- a mejorar mi entorno.

Finalmente, me acabo de terminar mi taza da café, sorbo tras sorbo escribía estas lineas que no son nada más que pensamientos que vienen a mi mente mientras viajo, mientras camino, mientras observo o incluso mientras duermo.

Que lindo es ver la vida a través de una taza de café.

La vida a través de un café

 
 
 

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